lunes, 10 de abril de 2017

Escritos de Montalvo prohibidos y condenados por el clero

El 13 de abril se celebra en el Ecuador el día del Maestro en honor al natalicio de Juan Montalvo, escritor perteneciente a esa pléyade de intelectuales que lucharon por la modernización y el progreso de las sociedades latinoamericanas. Perseguido y combatido por los gobiernos conservadores y por los altos prelados de la Iglesia, fue excomulgado y algunas de sus obras inscritas en el Índice de los libros prohibidos. De esa intolerancia contra el Cosmopolita nacido en Ambato hace 185 años trata la siguiente página de nuestra historia.



ESCRITOS DE MONTALVO PROHIBIDOS Y
CONDENADOS POR EL CLERO[1]

Oswaldo Albornoz Peralta


Busto de Montalvo del escultor Luis Mideros


Entre los escritores del siglo pasado es sin duda Juan Montalvo uno de los más odiados por el clero y los conservadores. Unos y otros se turnan para injuriarle. De sus testas salen decenas de folletos y artículos periodís­ticos ‒algunos con firma y los más anónimos‒ para agraviar su persona o criticar sus escritos. La paz, el sosiego, no son acompañantes de su vida.

Uno de los primeros insultadores de Montalvo es el gran déspota Gabriel García Moreno. De él es ese “soneto bilingüe” dedicado al cosmopo­llino, donde quiere, sin pizca de gracia hacer mofa del Cosmopolita. El tal soneto termina así:

                                    Pues ¿quieres Juan te diga lo que siento?
                                    Si te viste tú mismo, yo discurro
                                    Que debiste también de ver un burro.[2]

Aunque digan que es sacrilegio, se ve aquí, que el tirano no vuela muy alto como poeta.

Otro enemigo furibundo es el obispo prusiano Pedro Schumacher ‒ese que excomulga a Felicísimo López y que en su Sociedad Civil Cristiana dice con toda seriedad que Lucifer es el autor de las doctrinas liberales‒ que ya no en verso, sino en prosa de baja estofa, insulta groseramente a don Juan, en su folleto con un título cargado de interrogaciones: ¿Teocracia o Democracia? ¿Cristo o Lucifer? ¿Quién vencerá? Allí, entre muchas otras diatribas, constan estas:

            Pero vamos a la cuestión de la “gloria nacional”. ¿Lo será de veras un Juan Montalvo? ¿Un hombre sin carrera, sin oficio ni beneficio, un mal casado, que dejó a su infeliz mujer abandonada, para vivir en la holgazanería y a expensas ajenas?... ¿Un infatuado pedante, cuya lectura es cansada hasta no más, cuando presume escribir Filosofía, o probar que él y sólo él es el escritor de monta, el hércules literario de la América española, como lo hace en sus pesados “tratados”...? [3]

El germano, para denigrar, emulando y dejando atrás a don Juan Valera y a la Pardo Bazán, se convierte en crítico literario. Por poco no dice que los escritos del diminuto Voltaire de Ambato ‒así le llama‒ son de mano también de Lucifer.

Empero, de los insultos y las críticas acerbas, sin duda porque no dan el resultado apetecido, que no es otro que conseguir el silencio del escritor, se pasa, valiéndose de la Iglesia, a la condena y prohibición de sus libros y folletos de combate.

El primero de sus trabajos en sufrir la clerical arremetida es La dictadura perpetua, esa justiciera condena a la tiranía garciana escrita en la ciudad de Panamá en 1874 con el apoyo de Alfaro, para combatir un artículo del periódico Star and Herald que propugnaba la defensa del presidente García Moreno.

Al respecto, en el folleto titulado La conspiración del 6 de Agosto en Quito se transcribe un artículo de Montalvo escrito en Ipiales, donde dice esto:

            La Dictadura Perpetua produjo una exaltación loca en la juventud de Quito: tanto que el Arzobispo lanzó excomunión mayor contra los que leyesen esa producción, lo cual hizo que todo el mundo se apresurase a copiarla con su mano. García Moreno había intentado ya hacer excomulgar otros escritos del Cosmopolita, pero el Arzobispo se había resistido.[4]

En una nota se aclara que el autor de la excomunión es el arzobispo José María Riofrío y que ese documento consta en el periódico Star and Herald del mes de agosto último (1875). Además se dice que la censura alcanza a todos los escritos constantes en un folleto publicado en Piura por el señor A.U.G. Nosotros desconocemos ese folleto.

La conspiración del 6 de Agosto en Quito, está firmado por Rafael y Federico Cornejo, hermanos de Manuel Cornejo Astorga, uno de los fusilados a raíz de la muerte de García Moreno. Pero todo el folleto, tal como aclara Roberto Agramonte, cuando publica en la Habana las Páginas desconocidas de Juan Montalvo, es escrito por el Cosmopolita.

Guillermo Barreto ‒Clodoveo González‒ en su libro García Moreno ¿santo o demonio? recoge esta versión de las Páginas Desconocidas y se hace eco de ellas. Otros biógrafos de Montalvo, en cambio, no anotan este episodio.

Oscar Efrén Reyes, por ejemplo, se refiere solamente a la gran campaña de parte de clérigos y seglares ultramontanos en contra de La dictadura perpetua. Señala el celo desplegado en puertos y aduanas para impedir la entrada de la obra. Anota la profusión de publicaciones apareci­das para refutarla: verbigracia, Don Juan Montalvo o la verdad contra él: o sea la defensa del Ecuador contra las calumnias e injurias publicadas en el folleto titulado «La Dictadura Perpetua», aparecida en Guayaquil en 1874. Empero, nada más.

De esta condenación se pasa a la más famosa: a la condenación de los Siete Tratados verificada el 19 de febrero de 1884. 
  
El condenador es el arzobispo de Quito José Ignacio Ordóñez. Garciano fanático, en la Convención de 1869 sostiene que es nulo el juramento de no aceptar la presidencia hecho por García Moreno, patrocinando así un manifiesto perjurio. Escala a ese alto puesto eclesiástico con la venia del dictador Veintimilla, que le encarga negociar el nuevo Concordato, tan negativo y ultramontano como el anterior. Y, sobre todo -como lo demuestra cuando ocupa el obispado de Riobamba- es un inveterado perseguidor de libros prohibidos.

La condena está incluida en la Cuarta Pastoral del Arzobispo. Consta de tres partes que abarcan escasas nueve páginas. En la primera se lamenta del avance del error impulsado por el “viento de las malas doctrinas”. La segunda se refiere a los malos libros, y allí manifiesta que los respon­sables de los grandes males que causan no son solamente sus autores, sino también los comerciantes de impresos y los trabajadores de las imprentas. Y, por fin, en la tercera parte, se halla la reprobación de los Siete Tratados de Montalvo:

            Condenamos, pues ‒se dice‒ su obra como errónea, porque contiene proposiciones heréticas, máximas escandalosas, y principios contrarios a los dogmas rebelados. Con­denamos esa obra, porque en ella el escritor acusa de error a la Iglesia Católica, reprueba el culto de las sagradas imágenes y habla de la eternidad de las penas del infierno de una manera tal que da muy bien a entender que o no cree en ese dogma o hace como si no lo creyese, burlándose de él.[5]

Está suscrito por el arzobispo Ordóñez y por su secretario Federico González Suárez.

El anatema, reprobación o censura del arzobispo, a nuestro modo de ver, no es tan dura como sucede en los otros casos. No hay la consabida pena de excomunión ipso facto incurrenda para el autor y los lectores de la obra. Nada sobre la obligación de entregar el libro a los párrocos o a las autoridades eclesiásticas. Eso sí, se dice, que la Pastoral se lea los domingos en las iglesias de la capital.

Esta actitud nos parece que entraña cierto temor a las consecuencias de la condena, porque para esa época Montalvo goza de merecido prestigio no solamente en su patria, sino también en el exterior. Es posible también que ya se conozcan los elogios tributados al autor ‒pues la obra aparece en Besanzón en 1882‒ por parte de escritores de gran relieve.

Sin duda, por el mismo hecho anotado, el arzobispo se apresura conseguir que el libro condenado sea  incluido en el celebérrimo Index del Vaticano, para así tener el respaldo pontificio. Galo René Pérez cree que Ordóñez se traslada personalmente a Roma donde el Papa León XIII apenas a los dos meses de publicada la pastoral, y convierte su deseo en realidad al colocar a Montalvo en la nómina donde están pensadores y literatos renombrados y de fama universal. Esta la constancia que anota Pérez:

            Montalvo, Juan. Siete Tratados en dos tomos. Besanzón. 1882. Decr. 19 Dec. 1884. Pág. 274 - Index Librorumb Prohibitorum.- Sanctissimi Domini Nostri.- Leonis XIII. Pont. Max.- Tanrini Typ. Pontificia.- Petrus Marietti. 1890.- Collezione Pietro Marietti. Nº 233.[6]



El pedido  para la anotación en el Index, como es de rigor, va acompañado del respectivo informe. Informe erudito y bien escrito segura­mente, porque su redactor es nada menos que monseñor González Suárez, tal como afirma el escritor Le Gouhir en el tercer tomo de su Historia de la República del Ecuador. Y el sacerdote Le Gouhir, en cuestiones eclesiásticas, está muy bien informado.

Sobre quien es el verdadero escritor de la Pastoral ‒ya que nadie cree que sea el arzobispo Ordóñez por no ser ninguna notabilidad en achaques literarios‒ existen varias versiones. Roberto Andrade, por ejemplo, cree que es Pablo Herrera. Puede ser. Garciano al tope, es autor de unos Apuntes biográficos del gran magistrado ecuatoriano Señor Doctor Don Gabriel García Moreno. Católico y conservador recalcitrante también. Puede ser...

La respuesta de Juan Montalvo, contenida en la Mercurial Eclesiás­tica, es contundente.

El libro ‒Libro de las Verdades lo llama‒ contiene varios capítulos cortos, cada uno de los cuales empieza con frases y afirmaciones tomadas de la Pastoral, de las cuales se vale para contradecir al arzobispo y demost­rar las contradicciones de ciertos representantes de la religión católica. Defiende las obras teatrales calificadas de inmorales por Ordóñez y manifiesta que las españolas, en su mayoría, son escritas por sabios sacerdotes y escritores de alto vuelo. Igual hace con la novela, cuyos héroes, según la Pastoral son adúlteros, ladrones o asesinos.  Como adehala, tacha de ignorante al prelado y cuenta una aventurilla suya acaecida en París, donde el seductor de sotana, es castigado por el marido ofendido. Dice que la mejor venganza del dictador Veintemilla es haber dejado a Ordóñez como jefe de la Iglesia ecuatoriana. Y así, sigue de largo, donosamente.

Pero, nos parece, que el capítulo denominado “Las penas eternas” es uno de los mejores y más sabrosos. Allí Montalvo, burla burlando, dice que si cree en los infiernos y en el castigo eterno, porque de no existir ese reino de tinieblas no habría lugar adecuado para el arzobispo Ordóñez. Manifiesta que el infierno, con todos los suplicios descritos por el Dante, con ese tétrico letrero que el poeta coloca en su entrada ‒¡Oh los que entráis!, dejad toda esperanza‒ es realidad manifiesta, a la par que conveniente... Si creo, bribones, si creo, exclama.

Y quien creyera que este libro, el más anticlerical y contrario a los dogmas de la Iglesia  que escribe Montalvo ‒grosera y frenética diatriba es el calificativo dado por el cura Le Gouhir‒ no es prohibido ni excomulgado. ¿Temor a una segunda Mercurial? No lo sabemos. Misterio de los misterios.

Sólo nos falta decir, para terminar con los Siete Tratados, que la condena fulminada por Ordóñez no es olvidada por el clero. Para reforzar su efecto, como si se tratara de una vacuna, el arzobispo Pedro Rafael González Calisto la vuelve a recordar. El edicto dictado dice así:

Por cuanto ha llegado a nuestro conocimiento que en la parroquia de Pasa existen algunos ejemplares de la obra de Dn. Juan Montalvo, titulada "Los Siete Tratados", y como dicha obra está condenada por N. SS. Padre León XIII, y por lo mismo incurren ipso facto en excomunión reservada a la Santa Sede todos los que la leen o retienen, Nos, en cumplimien­to de nuestro cargo Pastoral mandamos y ordenamos al Venerable Sr. cura de Pasa que explique al pueblo en un día domingo, los efectos de la excomunión y quienes incurren en la fulminada contra "Los Siete Tratados". Asimismo leerá y fijará en la puerta de la iglesia esta nuestra conminatoria, por medio de la cual mandamos que en el término de ocho días se entreguen las mencionadas obras al Señor cura de Pasa; y si no lo hicieren, pasados los ocho días, el mismo Sr. cura recibirá una información jurada acerca de las personas que tienen dicha obra. Y con vista de ella, les declararemos excomulgados con la excomunión a que se refiere el Decreto de Nuestro SS. Padre León XIII, en que condena la obra de “Los Siete Tratados”.[7] 

El edicto es de 20 de noviembre de 1895, es decir, escrito pocos meses después de la revolución liberal y cuando Alfaro había vencido en Gatazo y entrado a Quito. Es explicable sin embargo el hecho, pues González Calisto es enemigo de las nuevas ideas, que ya antes ‒14 de junio‒ había lanzado una violenta pastoral llamando a los fieles a tomar las armas para combatir a las tropas revolucionarias. Allí, con tono bíblico, se dice además que el liberalismo es la gran ramera de Babilonia que vio San Juan en el Apocalipsis!

Volvamos un poco atrás.

El ataque clerical ahora se dirige contra El Regenerador. En el Nº 6 de esta revista ‒25 de septiembre de 1877‒ Montalvo publica un artículo titulado “Del Clero”, donde lejos de combatirlo, mejor contiene una serie de frases elogiosas. Afirma ‒para citar sólo un ejemplo‒ que es entidad civilizadora y un elemento esencial de la sociedad humana. Pero esta condescendencia, nacida sin duda por la necesidad de no atraerse enemigos, no es del agrado de los clérigos que, fijándose en unas pocas expresiones al parecer irónicas, deciden impugnar el escrito. No se conoce esa impug­nación, porque al parecer, no se llega a la prohibición ni condena expresa. Lo que si se sabe es la protesta de Montalvo por la injusta acometida que aparece en el Nº 8 de la misma publicación. Dice así: “mis cleriguitos se reúnen y después de maduro examen, declaran herético el escrito que los saca los pies del lodo, y a su autor el más impío de los mortales”.[8] La réplica se titula “La suerte de los hombres de buena fe en este mundo pecador”.

Estamos en 1890, y en la revista La República del Sagrado Corazón de Jesús dirigida por Federico González Suárez, aparece la siguiente infor­mación:

            Ha sido últimamente puesto en el índice de los libros prohibidos, por orden de su Santidad, el tercer tomo de "El Espectador" de nuestro desdichado compatriota D. Juan Montalvo. Justifica de sobra esta condenación  la descarada apología del duelo o desafío que se encuentra en la última publicación del célebre escritor ambateño. Con esta noticia tomada de fuente oficial, esperamos que los que poseen el mentado tomo se apresuren a entregarlo en manos de la respectiva Autoridad eclesiástica.[9]

La apología al duelo, pues, la causa para la condenación de ese tercer tomo. El decreto del Papa incluyendo esa obra entre los libros prohibidos es de 14 de diciembre de 1888, esto es dos años antes de la noticia dada por la revista de nuestra referencia, como lo establece Plutarco Naranjo en su Juan Montalvo. Estudio bibliográfico. También manifiesta este escritor que la colocación en el Index se hace “cuando su autor lucha denodadamente con la muerte”. Y agrega que está “lejos de conocer o siquiera adivinar con que criterio se tomó esa medida”, mientras no sucedió lo propio con uno de los más violentos opúsculos de diatriba como es la Mercurial Eclesiástica, en el que no sólo se vapulea despiadadamente al Arzobispo Ordóñez, no sólo se ponen al descubierto obscuras travesuras del prelado que tocan a delicados aspectos de moral, sino que también se censura al clero corrompido y aun se abordan cuestiones fun­damentales de dogma y de doctrina”.[10]
           
Y llegamos, finalmente, al año 1897.
           
No se trata en esta ocasión de una nueva condena, sino de un acto de vigilancia y previsión, de una maniobra táctica para preparar una futura censura, pues que la obra destinada para ese santo castigo no aparece todavía. El historiador Robalino Dávila, a este respecto, expresa lo siguiente:

            En Octubre del propio año, comunica Monseñor González Calisto a Monseñor González Suárez que, "por datos de personas respetables, tiene conocimiento que el Gobierno proponía declarar texto obligatorio de lectura, para los niños de las escuelas, un libro que, con el título de Trozos Escogidos de Montalvo contenga varios artículos de ese autor y de los peores, tomados en su mayor parte de las obras del autor puestas en el Indice. Con el objeto de conjurar este mal me dirigí a un alto funcionario del Gobierno; mas, como no he recibido respuesta, y, al contrario, hubiese llegado a saber que continúa la impresión del libro; he creído oportuno hacerlo saber a V. S. Ilmo. y Roma, para que, apercibido de este peligro, adopte las medidas que estime convenientes, sea por medio de una declaración a los fieles, de la censura ya existente en lo tocante a los artículos condenados, sea con la prohibición episcopal de todo el libro". Y le pide, en todo caso, hacerle conocer la resolución, que adopte, a fin de procurar la unidad de acción.
                        Y esta uniformidad existió casi siempre entre los dos Prelados.[11]

Hemos revisado la bibliografía del Cosmopolita constante en el libro citado de Naranjo ‒que es la más completa que existe‒ y no se habla allí de tales Trozos Escogidos de Montalvo. Es seguro que el blanco es la publica­ción de Juan de Dios Uribe que aparece en el año siguiente, en 1898, con el título de Lecturas de Montalvo. La obra se imprime en la Tipografía de la Escuela de Artes y Oficios de Quito y contiene una serie de artículos cortos que abarcan 327 páginas.

No conocemos la respuesta de González Suárez. Tampoco se sabe que se haya hecho efectiva la condena sugerida y planeada por González Calisto. Es de pensar que esto no se realiza, porque en verdad, los artículos selec­cionados no son tan anticlericales que digamos... Se opta, entonces, por la prudencia.

Ya en este siglo, porque no asustan tanto las excomuniones, los enemigos de Montalvo abandonan esa forma de combate. Mas, no por eso, en sus escritos, dejan de zaherirle de vez en cuando con picotazos en­venenados. El jesuita Chacón, admirador del generalísimo Franco, hasta tilda sus obras de antidemocráticas.

¡Nada qué hacer! ¡Es el pago que dan los tradicionalistas a los innovadores!



[1] Tomado de Oswaldo Albornoz Peralta, Páginas de la Historia Ecuatoriana, t. I, Editorial Casa de la Cultura Ecuatoriana “Benjamín Carrión”, Quito, 2007, pp. 437-447.
[2] Gabriel García Moreno, Escritos de Gabriel García Moreno, t. I, Tipografía y Encuadernación Salesianas, Quito, 1928, p. 367.
[3] Pedro Schumacher, ¿Teocracia o Democracia? ¿Cristo o Lucifer? ¿Quién vencerá? ¡Quién como Dios!, segunda edición, B. Herder Librero-Editor Pontificio, Friburgo-Alemania, 1897, pp. 71-72.
[4] Rafael y Federico Cornejo, La conspiración del 6 de Agosto en Quito, Tipografía de Nicanor Médicis por Manuel T. Polo, Ipiales, 1875, p. 15.
 [5] José Ignacio Ordóñez, Cuarta Pastoral que el Ilmo. Rdo. Señor Arzobispo de Quito Dr. D. José Ignacio Ordóñez, dirige al Clero y a los Fieles de la Arquidiócesis, Imprenta del Clero, Quito, 1884, p. 7.
 [6] Galo René Pérez, Un escritor entre la gloria y la borrasca. Vida de Juan Montalvo, Banco Central del Ecuador, Quito, 1990, p. 455.
[7] Somatén. Artículos escogidos de “El Pichincha”, primer diario radical publicado en Quito, Imprenta de “El Pichincha”, Quito, 1896, p. 558.
[8] Juan Montalvo, El Regenerador, t. II, Casa Editorial Garnier Her­manos, París, 1929, p. 104.
  [9] La República del Sagrado Corazón de Jesús, t. IV, Imprenta del Clero, Quito, 1890, p. 167.
[10] Plutarco Naranjo, Juan Montalvo. Estudio bibliográfico, Casa de la Cultura Ecuatoriana, Quito, 1966, p. 268.
 [11] Luis Robalino Dávila, Eloy Alfaro y su primera época, t. II, Casa de la Cultura Ecuatoriana, Quito, 1969, p. 739.

1 comentario:

  1. Gracias, César. Un momento clave para resaltar el trabajo del compañero Oswaldo Albornoz Peralta como maestro y amigo, conciencia de la patria chica y la patria grande, alfarista consumado por conciencia y por práctica, revolucionario, cuando serlo era el INRI de cualquier persona que asumiera en el siglo XX la lucha por el socialismo, la justicia, la equidad, la inclusión y la democracia. No la de los ricos de siempre, cuya democracia es el espacio de la dominación y exclusión oligarquica de las mayorías, la de los pobres y excluídos de siempre. Digo esto, porque le escuché en algún diálogo que tuve con el c. Oswaldo, que los ricos solo pueden ser más ricos incrementado la miseria y la pobreza de nuestro pueblo. Y la lección más sabia que le escuché es que sin ideología, sin formación política, las masas son captadas por la ignorancia, la misma que siempre es consolidada por los sistemas educcativos alienantes, enajenantes y nefastos del pasado y por los medios de comunicación y sus mecanismos de construcción de los YO ajenos a la justicia y a la equidad social, al humanismo y la solidaridad. Se ha creado un individualismo indiferente a su entorno (la de los pueblos, comunidades y nacionalidades), preocupado por la maximización del consumo, al confort y al revestimioento de formas totalmente ajenas a las interaaciones de cooperación, solidaridad y ayudua mutua. Esta reflexión del compañero Oswaldo impregnó mi vida de los principios básicos de que la pobreza solo es posible vencerla, venciendo a los que hiperconcentran en sus pocas manos inmensas riquezas nacionales y globales. Montalvo fue parte de esta permanente lucha en el siglo XIX, como lo fue Alfaro a fines de ese siglo y al comienzo del XX. La tarea sigue siendo una asignatura a cumplirse por una sociedad mejor, más inclusiva y humana. Gracias, compañero Oswaldo, por haberme permitido ser un asiduo vivistante de tu extensa y excelente biblioteca y de ser parte de tus reflexiones.

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